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Guerra de Patentes - Súplica por un cambio en el sistema

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La semana pasada comenzó la segunda ronda del inerminable proceso Apple vs Samsung. La guerra de patentes lleva ya varios años ocupando páginas de periódicos internacionales. Muchas empresas se están viendo afectadas, por el hecho de no querer permanecer a la sombra de las dos grandes. Los jueces y el sistema judicial, en general, son tomados como rehenes por la travesura de la máquina de hacer dinero. He aquí mi súplica para un cambio de sistema.

¿Cómo hemos llegado a todo esto? En su tiempo el sistema era razonable: las patentes eran un instrumento para proteger la propiedad intelectual y no para evitar la creación e innovación.

Mal funcionamiento del sistema

Tomando las cosas desde una perspectiva racional, se podría entender que una empresa se siente despojada de algo al crear una función que es recuperada por cualquier otro. Eso sí, a excepción de que estas características no pueden permanecer en los brazos de una sola empresa. Póngamos como ejemplo un ordenador: imaginaos que una empresa lo hubiera patentado y se negara a vender sus derechos. Por tanto, esta empresa tendría la exclusividad de vender el ordenador, fijar su precio a su discreción porque, básicamente, no habría competencia y, por ende, tampoco innovación.

Esto mismo es lo que pretende Apple y otros al defender funciones básicas de los smartphones. Me refiero, por ejemplo, al streaming de vídeo o al deslizamiento para desbloquear, etc. Estas características forman parte de un patrimonio común tecnológico. Hemos pasado de decenas de teléfonos funcionales a decenas de smartphones parecidos. Esto es normal. Debemos aceptar y encontrar un sistema que reconoce tanto la fuente de innovación y que también permite su participación.

Las patentes han rozado lo absurdo y van desde "yo patenté el color negro" a "yo el botón de volumen que sube y  baja cuando se aprieta" con una única finalidad: la protección de esas innovaciones solo ponen obstáculos a los competidores. En suma todos estos cientos de kiometros y horas dedicadas a los litigios representa menos esfuerzo dirigido a la innovación. Son estas disfunciones y lo ridículo de esta lucha que las empresas han comenzado a denunciar a los jueces.

Justicia secuestrada

Estos juicios ya duran varios años y no parece que se vayan a detener. Una gran ayuda para los abogados, para quienes la tasa de desempleo debe ser ejemplar, pero una pesadilla para los jueces. Imaginen la desesperación de un juez que ve caer en su escritorio una carpeta con el nombre de Apple, Google, Samsung, Motorola o cualquier empresa de tecnología. Un juez, incluso, se negó a tratar el caso por no tener tiempo en su agenda. Eso o que simplemente no tendría ninguna gana de meterse en esos berenjenales.

Todo esto es bastante comprensible, porque estos juicios no representan ningún juicio. Son, de hecho, negociaciones comerciales que toman como rehenes al sistema judicial y a los jueces como peones. Algunos jueces ya han tenido suficiente. Por ejemplo, en el caso de Richard Posner, quien fue el primero en denunicar lo que no se podía decir: las guerras de patentes son el abuso ridículo de las leyes de propiedad intelectual. ""El argumento de Apple de que un toque es un deslizamiento de longitud cero es un tontería. Es como alegar que un punto es un recta de longitud cero", declaró remitiéndose al caso del deslizamiento para el desbloqueo Apple vs Google/Motorola. El veredicto se tomó "con prejuicio", esto es, mediante la prohibicon de apertura de un segundo juicio por los mismos motivos. Entonces, este juez propuso la prohibición de las patentes de software.

Señores del jurado, ¡tomen ejemplo por favor! Consumidores, ¡dejen de comprar para que aprendan! Quizás debería añadir: periodistas y bloggeros, ¡dejen de escribir! Puede que esta sea la única solución para hacerles entrar en razón y puedan entender la magnitud absurda de todo esto. ¿No ven lo ridículo que es todo esto?

¿Y vosotros? Si queréis ver más dibujos de nuestra sección de ilustración, lo podéis hacer aquí.

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